¿Cómo ser un buen esposo?

¿CÓMO puede un hombre hacer que su esposa se sienta feliz? Muchos dirían que haciéndola sentir segura. Y piensan que para lograrlo debe llevar suficiente dinero a casa; esa es su principal labor, dicen. Entonces, ¿por qué hay mujeres que a pesar de tener seguridad económica siguen sintiéndose inseguras? una esposa, dice lo siguiente sobre el hombre con el que se casó: “Delante de la gente era muy amable, pero cuando estábamos a solas me trataba muy mal”. Un esposo comenta: “Si no estaba de acuerdo en algo con mi marido, me decía: ‘Tienes que hacer lo que yo te digo porque soy tu esposo’”.

¿Cómo puede el esposo cumplir con su papel en casa? ¿Cómo puede hacer que su esposa se sienta segura y querida, que vea su hogar como “un lugar de descanso”? (Rut 1:9.)

Lo que dice la Biblia sobre la autoridad del esposo

Aunque el hombre y la mujer son iguales a los ojos de Dios, la Biblia dice que cada uno tiene una función distinta en la familia. Romanos 7:2 señala que la esposa debe respetar “la ley de su esposo”. Así como toda empresa tiene una persona que la dirige, Dios ha nombrado al esposo para que dirija a su familia. Por tanto, él es cabeza de su esposa (1 Corintios 11:3).

¿Cómo debe ejercer el esposo la autoridad que le ha dado Dios? Efesios 5:25 responde: “Continúen amando a sus esposas”. Y luego añade: “Tal como el Cristo también amó a la congregación”. Así es, aunque Jesucristo nunca se casó, su ejemplo le ayudará a ser un buen esposo. Veamos cómo.

Jesús es el ejemplo a seguir para los esposos

Jesús se esforzó por aliviar las cargas de la gente. Extendió esta invitación a todos los que se sentían agobiados por los problemas: “Vengan a mí […] y yo los aliviaré” (Mateo 11:28, 29, El libro del Pueblo de Dios). En efecto, hacía más llevaderas las cargas de las personas, curaba sus dolencias y las ayudaba a acercarse a Dios. ¡Con razón deseaban estar cerca de él!

 Cómo seguir el ejemplo de Jesús. Busque maneras de aliviar las cargas de su esposa. Muchas mujeres se sienten identificadas, con el siguiente comentario de una esposa: “Mi esposo me trataba como su sirvienta”. En cambio, un esposo dijo: “Siempre le pregunto a mi esposa si necesita ayuda. Como la quiero mucho, acostumbro colaborar en las tareas de la casa sin que ella me lo pida”.

Jesús fue considerado y comprensivo. Una mujer llevaba doce años sufriendo una dolorosa enfermedad cuando oyó hablar sobre los milagros de Jesús. Entonces pensó: “Si toco nada más que sus prendas de vestir exteriores, recobraré la salud”. Y tenía razón. Se acercó a Jesús, tocó el borde de su ropa y se curó de inmediato. Aunque al parecer hubo quienes la tacharon de atrevida, Jesús comprendió que estaba desesperada. Por eso la tranquilizó con estas palabras: “Hija, […] queda sana de tu penosa  enfermedad”. Su acción demostró la clase de hombre que era: un hombre que sabía ponerse en el lugar de los demás (Marcos 5:25-34).

Cómo seguir el ejemplo de Jesús. Cuando su esposa no se sienta bien, sea más considerado y paciente que de costumbre; trate de entender por qué reacciona como lo hace.

Jesús se comunicaba con sus discípulos. Los veía como amigos y pasaba mucho tiempo hablando con ellos. De hecho, les dijo: “Todas las cosas que he oído de mi Padre se las he dado a conocer a ustedes” (Juan 15:15). Es cierto que en ocasiones quería estar solo para pensar y orar, pero la mayoría de las veces compartía sus pensamientos más íntimos con sus discípulos.

Por ejemplo, la noche antes de ser condenado a muerte como si hubiera sido un criminal les dijo con toda sinceridad que estaba sumamente angustiado (Mateo 26:38). Y ni siquiera cuando hacían cosas que no eran de su agrado dejaba de hablarles (Mateo 26:40, 41).

Cómo seguir el ejemplo de Jesús. Hable con su esposa. Dígale lo que piensa y lo que siente. Muchas mujeres se quejan de que sus maridos no tienen problemas para hablar cuando están con otros, pero que en casa se vuelven mudos. Una esposa explica cómo se siente cuando su esposo le expresa sus sentimientos: “Siento que me ama y que estamos unidos”.

Nunca use el silencio para castigar a su esposa. “Siempre que mi esposo se enojaba conmigo —recuerda una esposa—, pasaba días sin hablarme. Me hacía sentir culpable y humillada.” El esposo, en cambio, trata de seguir el ejemplo de Jesús. “Cuando me enojo, evito responder de inmediato —comenta—. Prefiero buscar un mejor momento para arreglar las cosas.”

El camino a la felicidad, El amor

EL AMOR ES UNA NECESIDAD HUMANA. 

Sin el amor, el matrimonio, la familia no subsistirían. Por tanto, es lógico que el amor sea esencial para nuestra salud mental y nuestra felicidad. Pero ¿de qué amor estamos hablando?

No hablamos del amor romántico, que, por supuesto, también es importante, sino de un amor superior que hace que mostremos interés sincero por el bienestar de los demás hasta el punto de sacrificarnos por ellos. Es un amor que se rige por principios bíblicos, pero eso no significa que carezca de afecto y ternura.

Fíjese en esta hermosa descripción del amor: “El amor es sufrido y bondadoso. El amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado. No lleva cuenta del daño. No se regocija por la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Todas las cosas las soporta, […] todas las espera, todas las aguanta. El amor nunca falla” (1 Corintios 13:4-8).

Ese amor “nunca falla”. Siempre existirá. Es más, puede hacerse aún más fuerte con el paso del tiempo. Y como es sufrido, bondadoso y sabe perdonar, es “un vínculo perfecto de unión” (Colosenses 3:14). Por lo tanto, las relaciones personales que se basan en un amor como ese son estables y felices, a pesar de las imperfecciones. Pensemos, por ejemplo, en el matrimonio.

 Unidos por “UN VÍNCULO PERFECTO”

Jesucristo enseñó importantes principios sobre el matrimonio. Él dijo: “‘El hombre dejará a su padre y a su madre y se adherirá a su esposa, y los dos serán una sola carne’ […]. Por lo tanto, lo que Dios ha unido bajo un yugo, no lo separe ningún hombre” (Mateo 19:5, 6). Aquí se destacan por lo menos dos principios fundamentales.

“LOS DOS SERÁN UNA SOLA CARNE”. El matrimonio es la relación más íntima que existe, y el amor puede protegerlo de la infidelidad, es decir, puede evitar que cualquiera de los cónyuges llegue a ser “un solo cuerpo” con otra persona (1 Corintios 6:16; Hebreos 13:4). La infidelidad hace añicos la confianza y quizás haga naufragar el matrimonio. Y, si la pareja tiene hijos, el daño tal vez sea aún mayor, pues ellos pueden pensar que nadie los quiere o sentirse inseguros o hasta resentidos.

“LO QUE DIOS HA UNIDO”. El matrimonio también es una unión sagrada. Los cónyuges que lo ven así hacen lo posible por fortalecer su relación. No buscan una salida fácil a los problemas. Como su amor es fuerte, superan juntos todas las dificultades y se esfuerzan por vivir en paz y armonía.

El amor es la principal cualidad de Dios. De hecho, la Biblia dice que “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Por lo tanto, no nos sorprende que a Jehová se le llame además el “Dios feliz” (1 Timoteo 1:11). Nosotros también seremos felices si nos esforzamos por imitar sus cualidades, sobre todo su amor. Efesios 5:1, 2 nos aconseja: “Háganse imitadores de Dios, como hijos amados, y sigan andando en amor”.

PUNTOS CLAVE

El amor es sufrido y bondadoso. Todas las cosas las soporta, todas las espera y todas las aguanta. El amor nunca falla (1 Corintios 13:4-8).

Razones por las que el amor produce felicidad:

  • Nos ayuda a interesarnos sinceramente por el bienestar de los demás.

  • Puede hacerse más fuerte con el paso del tiempo.

  • Contribuye a que las amistades y los matrimonios se fortalezcan y a que superen las dificultades.

  • Ayuda a los niños a crecer felices y a sentirse seguros.

  • Hace que nos parezcamos más a nuestro Creador.

Cuando uno de los cónyuges necesita cuidados especiales

Es normal que en un matrimonio surjan problemas de vez en cuando. Pero si uno de los dos padece una enfermedad crónica o incapacitante, las cosas pueden ponerse realmente difíciles. Si usted está cuidando a su cónyuge, es muy probable que se pregunte: “¿Seré capaz de atender a mi pareja si su salud sigue empeorando? ¿Cuánto más podré seguir encargándome de su cuidado y también de cocinar, limpiar y trabajar? ¿Es normal que me sienta culpable por estar sano?”.

Por otro lado, si usted es el que está enfermo, tal vez se sienta mal por no poder cumplir con todas sus responsabilidades. Puede que también se pregunte: “¿Estará mi pareja molesta conmigo porque me enfermé? ¿Podremos volver a ser felices algún día?”.

Sin duda, las enfermedades crónicas causan mucha tensión al matrimonio, y la realidad es que no todos han logrado soportarla. Pero no se desanimen: ustedes pueden hacerlo.

¿Cuál es la clave para seguir siendo felices en esas circunstancias? Ante todo, formar un frente común y ver la enfermedad como un enemigo de la pareja, no solo del cónyuge que la padece. Al fin y al cabo, si uno de los dos se enferma, ambos se ven afectados, aunque sea de manera diferente. Génesis 2:24 explica: “El hombre dejará a su padre y a su madre, y tiene que adherirse a su esposa, y  tienen que llegar a ser una sola carne”. Así pues, ante una dolencia crónica es esencial que se mantengan unidos para seguir adelante.

Además, los estudios indican que aceptar la situación y buscar juntos formas prácticas de sobrellevarla contribuye a conservar la felicidad de la pareja. Muchos de los consejos que han demostrado ser útiles en estos casos coinciden con los principios eternos de la Biblia. ¿Les gustaría beneficiarse de ellos? Pues bien, examinemos tres sugerencias.

Estén atentos a las necesidades del otro

La Biblia asegura: “Mejores son dos que uno […]. Pues si uno de ellos cae, el otro puede levantar a su socio” (Eclesiastés 4:9, 10). ¿De qué forma puede cada uno de ustedes “levantar a su socio”? Demostrando con palabras y acciones el interés y cariño que sienten el uno por el otro.

¿Se les ocurren formas de ayudarse mutuamente en su vida diaria? Por ejemplo, si me sirvo un vaso de agua, pienso que quizás ella también tenga sed, así que le ofrezco uno. Y cuando salgo a contemplar el paisaje, la invito a acompañarme. Lo compartimos todo, y así aguantamos juntos”.

Ahora bien, si usted es el cónyuge enfermo, piense: ¿hay cosas que pueda hacer por sí mismo sin poner en riesgo su salud? Entonces, trate de hacerlas. De ese modo aumentará su autoestima y le facilitará la tarea a su pareja.

En cualquier caso, ninguno de los dos debe apresurarse a pensar que ya conoce bien las necesidades de su cónyuge. Una buena idea puede ser preguntarle: “¿Qué puedo hacer para ayudarte?”.

¿POR QUÉ NO INTENTAN ESTO? Que cada uno anote varias formas en las que crea que su cónyuge puede ayudarle un poco más. Luego intercambien las listas, y que cada uno elija una o dos sugerencias que pueda poner en práctica.

Sean equilibrados

El sabio rey Salomón escribió: “Para todo hay un tiempo señalado” (Eclesiastés 3:1). Claro está, cuando un miembro de la familia se enferma de gravedad, la preocupación por su salud puede alterar por completo las actividades diarias de la pareja y hasta convertirse en el centro de sus vidas. ¿Cómo lograrán mantener un equilibrio razonable?

En primer lugar, procuren despejar la mente de forma periódica. ¿Existe algún pasatiempo que antes practicaran en pareja? ¿Sería posible retomarlo? También pueden buscar actividades nuevas. Puede ser algo sencillo, como leer juntos, o más complejo, como aprender un idioma. Si comparten ocupaciones que no estén relacionadas con la enfermedad, se sentirán más unidos y felices.

En segundo lugar, procuren rodearse de amistades. Proverbios 18:1 advierte: “El que se aísla buscará su propio anhelo egoísta; contra toda sabiduría práctica estallará”. En efecto, pasar demasiado tiempo solos puede perjudicarles. Por el contrario, estar con los amigos les levantará el ánimo y les despejará un poco la mente. De modo que, si no lo han hecho ya, ¿por qué no invitan a algunas amistades a su casa de vez en cuando?

En ocasiones, el cónyuge que no está enfermo intenta asumir toda la carga, hasta el punto de agotarse. Como resultado, su salud se perjudica, y llega un momento en que no puede seguir atendiendo a su pareja.

Por  lo tanto, si usted está cuidando a su cónyuge, no se olvide de sus propias necesidades. Recuerde que debe dedicarse tiempo a sí mismo. Por otro lado, tal vez le beneficie desahogarse con algún amigo confiable de su mismo sexo.

¿POR QUÉ NO INTENTA ESTO? Anote las dificultades que afronta al cuidar a su pareja. Después haga una lista con los pasos que puede dar para superarlas o, por lo menos, sobrellevarlas. En lugar de darle mil vueltas a cada problema, pregúntese: “¿Cuál es la forma más práctica y simple de mejorar la situación?”.

Sean positivos

La Biblia aconseja: “No digas: ‘¿Por qué ha sucedido que los días anteriores resultaron ser mejores que estos?’” (Eclesiastés 7:10). ¿Qué significan estas palabras? En resumen, que no es bueno pensar demasiado en lo que pudo ser y no fue. No hay que olvidar que, en el mundo actual, no existe la felicidad completa. Por eso, lo mejor es que acepten la situación y saquen el mayor partido a lo que sí pueden hacer.

¿Cómo pueden mantener esta actitud positiva? Hablen de las cosas buenas que tienen y que dan sentido a su vida. Valoren los momentos en que el cónyuge enfermo se sienta mejor, aunque solo sea un poco. Pónganse objetivos que puedan alcanzar y que los hagan sentirse motivados.

Qué pueden hacer cuando no están de acuerdo

Lo que deben saber

Ser compatible no significa pensar igual. Ni siquiera los matrimonios más compatibles tendrán siempre el mismo punto de vista, incluso en temas importantes.

Ceder no siempre es suficiente para solucionar los problemas. Por ejemplo, ¿qué harán si uno de sus padres se enferma y necesita que lo cuiden? ¿Y si uno de ustedes quiere tener hijos, pero el otro no?

Las diferencias de opinión no deberían condenar su matrimonio al fracaso. Algunos especialistas dicen que, si usted no se pone de acuerdo con su cónyuge en algún tema delicado, debe hacer lo que sea necesario para conseguir lo que quiere, aunque eso signifique terminar con el matrimonio. Pero esa “solución” se centra mucho en los sentimientos y muy poco en la promesa que hicieron ante Dios de seguir unidos pasara lo que pasara.

 Lo que pueden hacer

Cumplan lo que prometieron cuando se casaron. Con eso en mente, podrán enfrentar el problema como equipo y no como adversarios.

Clave bíblica: “Lo que Dios ha unido […], no lo separe ningún hombre” (Mateo 19:6).

Deténganse a pensar. Supongamos que uno de los cónyuges quiere tener hijos, pero el otro no. En ese caso, piensen en factores como los siguientes:

  • La estabilidad de su matrimonio.

    ¿Están listos para hacer frente a las tensiones que produce criar a un hijo?

  • Las responsabilidades de ser padres.

    Ser padres implica más que proporcionar comida, ropa y techo.

  • Su situación económica.

    ¿Podrán cumplir con todas sus obligaciones en el trabajo, en la familia y en otros campos?

Texto bíblico clave: “¿Quién de ustedes que quiere edificar una torre no se sienta primero y calcula los gastos […] para completarla?” (Lucas 14:28).

Analicen todos los ángulos del problema. Es posible que puedan resolver algunos de los puntos en los que no están de acuerdo. Por ejemplo, si el problema es sobre tener hijos o no, el cónyuge que no quiere tenerlos podría hacerse estas preguntas:

  • “Cuando digo que no quiero tener hijos, ¿quiero decir nunca o solo por ahora?”.

  • “¿No quiero tener hijos porque pienso que seré un mal padre?”.

  • “¿Tengo miedo de que mi cónyuge ya no me dé tanta atención?”.

Por otro lado, el cónyuge que sí quiere tener hijos podría preguntarse:

  • “¿Estamos preparados para ser padres?”.

  • “¿Nos alcanza el dinero para criar a un hijo?”.

Texto bíblico clave: “La sabiduría de arriba es […] razonable” (Santiago 3:17).

Admita que el punto de vista de su cónyuge tiene cosas buenas. Dos personas pueden ver el mismo paisaje y fijarse en cosas diferentes. Del mismo modo, los cónyuges pueden ver un mismo asunto, como en qué gastarán el dinero, desde perspectivas diferentes. Al analizar cualquier situación en la que choquen sus puntos de vista, empiecen por los aspectos en los que sí están de acuerdo.

  • ¿Qué objetivos tienen en común?

  • ¿Qué ventajas tiene la opinión de cada uno?

  • Por el bien de su matrimonio, ¿podría alguno de los dos, o los dos, cambiar su punto de vista para tomar en cuenta al otro?

Texto bíblico clave: “Que cada uno siga buscando, no su propia ventaja, sino la de la otra persona” (1 Corintios 10:24).

Cómo resolver problemas conyugales

Él dice: “Después que nos casamos, mi esposa y yo vivimos por un tiempo con mi familia, en casa de mis padres. Un día, la novia de mi hermano me pidió que la llevara a su casa en nuestro auto. Accedí cortésmente y me llevé a mi hijo pequeño con nosotros. Pero cuando regresé a casa, mi esposa estaba furiosa. Nos pusimos a discutir y ella me acusó de mujeriego frente a mi familia. Entonces perdí la calma y le dije cosas que la enfurecieron todavía más”.

Ella dice: “Reaccioné así por muchas razones. Estaba angustiada porque nuestro hijito tenía un grave problema de salud y, además, justo en ese momento, atravesábamos problemas económicos. Por eso me enojé tanto cuando mi marido se fue en el automóvil con la novia de su hermano llevándose al niño. Así que en cuanto llegó a casa, le dije cómo me sentía. Entonces tuvimos un fuerte altercado en el que nos insultamos mutuamente. Al final, me sentí destrozada”.

Cuando los esposos tienen discusiones como esta, ¿significa que ya no se aman? Por supuesto que no. De hecho, este matrimonio —la pareja que se acaba de mencionar— se quieren muchísimo. No obstante, hasta los mejores matrimonios tienen sus diferencias de vez en cuando.

Pero ¿por qué surgen los desacuerdos, y cómo puede usted evitar que destruyan la relación con su pareja? Pues bien, en vista de que fue Dios quien instituyó el matrimonio, es lógico recurrir a su Palabra, la Biblia, para saber lo que dice al respecto (Génesis 2:21, 22; 2 Timoteo 3:16, 17).

Llegue a la raíz del problema

En la mayoría de los matrimonios, ambos cónyuges desean llevarse bien y tratarse con cariño. Sin embargo, la Biblia afirma de manera realista que “todos [los seres humanos] han pecado y no alcanzan a la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Por lo tanto, cuando se producen desacuerdos, quizás no sea fácil dominar las emociones. Y si se desata una discusión, hay quienes tal vez tengan que librar una verdadera lucha contra malas costumbres, como insultar y gritar (Romanos 7:21; Efesios 4:31). Ahora bien, ¿qué otros factores podrían ocasionar discordias?

En primer lugar, es frecuente que cada cónyuge se comunique de un modo distinto. Por ejemplo, una mujer comenta: “Ya de recién casada me di cuenta de que los dos abordábamos los asuntos desde ángulos muy distintos. A mí no solo me gusta hablar de qué sucedió, sino también de por qué y cómo. En cambio, parece que a mi esposo solo le importa el resultado final”.

La mujer no es la excepción. En muchos matrimonios, es posible que uno de los cónyuges desee poner todas las cartas sobre la mesa, en tanto  que el otro prefiera eludir el tema. A veces, cuanto más insiste uno de ellos en dialogar, más se resiste el otro. ¿Percibe una tendencia como esta en su relación? ¿Es uno de ustedes el que siempre desea expresarse y el otro el que siempre se cierra?

Otro factor que cabe señalar es que la crianza de cada uno pudiera influir en su idea de cómo deben comunicarse las parejas. Un esposo, que lleva cinco años de casado, comenta: “En mi familia todos somos reservados y nos cuesta trabajo revelar abiertamente nuestros sentimientos. Esto le desespera a mi esposa. En su familia son muy extrovertidos, así que para ella es muy sencillo decirme lo que siente”.

¿Vale la pena esforzarse por resolver los problemas?

Los investigadores han descubierto que el parámetro más confiable para pronosticar la felicidad conyugal no es la cantidad de veces que se dicen “Te quiero”. Tampoco lo es la satisfacción sexual ni el nivel económico. Más bien, el factor que más garantiza el éxito es la capacidad que ambos tengan de resolver sus desacuerdos.

Por otro lado, Jesús afirmó que cuando un hombre y una mujer se casan, no es el hombre quien los une, sino Dios mismo (Mateo 19:4-6). Así que un buen matrimonio honra a Dios. Pero si el esposo no muestra amor ni consideración a su esposa, Jehová Dios no escuchará sus oraciones (1 Pedro 3:7). Y si la esposa no respeta a su esposo, en realidad es a Jehová a quien no está respetando, pues él designó al esposo como cabeza de la familia (1 Corintios 11:3).

Consejos para triunfar: rompa con los patrones de conducta que perjudican su relación

Sin importar su modo de comunicarse y la crianza que haya tenido, hay ciertos patrones de conducta que debe romper si desea poner en práctica los principios bíblicos y solucionar los desacuerdos.

Hágase las siguientes preguntas:

¿Controlo el impulso de desquitarme?

La Biblia dice: “El apretar la nariz es lo que produce sangre, y el apretar la cólera es lo que produce riña” (Proverbios 30:33). ¿Qué significa eso? Veamos un ejemplo: una discrepancia sobre cómo administrar el presupuesto de la familia (“No deberíamos gastar tanto con la tarjeta de crédito”) podría convertirse fácilmente en un intercambio de acusaciones (“¿Y tú no puedes ser más responsable?”). Es cierto que si su cónyuge ‘le aprieta la nariz’ lanzándole reproches, tal vez sienta el impulso de ‘apretársela’ en venganza. Sin embargo, las represalias solo encenderán los ánimos y se intensificará la riña.

Bien lo advirtió Santiago, uno de los escritores bíblicos: “¡Miren! ¡Con cuán pequeño fuego se incendia tan grande bosque! Pues bien, la lengua es un fuego” (Santiago 3:5, 6). Cuando los cónyuges no tienen cuidado con lo que dicen, puede que los pequeños desacuerdos se inflamen de repente y se vuelvan discusiones acaloradas. Y cuando un incendio de esta clase arrasa vez tras vez a un matrimonio, se hace muy difícil que el amor florezca.

En vez de desquitarse, ¿podría imitar a Jesús? La Biblia dice que “cuando lo estaban injuriando, no se puso a injuriar en cambio” (1 Pedro 2:23). La manera más rápida de apagar un incendio verbal es tomando en cuenta la opinión de su pareja y disculpándose por la parte de culpa que le corresponda.

¿POR QUÉ NO INTENTA ESTO? La próxima vez que discutan, pregúntese: “¿Qué pierdo con tomar en cuenta las preocupaciones de mi cónyuge? ¿He hecho algo que haya añadido leña al fuego? ¿Qué me impide pedir perdón por mis errores?”.

¿Subestimo los sentimientos de mi cónyuge?

La Palabra de Dios nos exhorta: “Todos ustedes sean de un mismo ánimo y parecer, compartiendo sentimientos como compañeros” (1 Pedro 3:8). Veamos dos razones por las que tal vez no haya logrado aplicar este principio. Por un lado, puede ser que le haga falta discernir lo que su pareja piensa o siente. Por ejemplo, si a usted no le preocupa tanto alguna  situación como a su cónyuge, usted tal vez le diga: “Me parece que estás exagerando”. Aunque su intención sea ayudarle a ver el problema en su debida perspectiva, ¿a quién le consuelan esa clase de comentarios? Tanto las esposas como los esposos necesitan sentir que sus seres amados los entienden y son capaces de ponerse en su lugar.

Ahora bien, ¿cuál podría ser la causa de que a alguien le importen poco los sentimientos de su pareja? Quizá sea una sobredosis de orgullo. La persona orgullosa rebaja a los demás para ensalzarse a sí misma. Tal vez lo intente valiéndose de apodos despectivos o comparaciones humillantes. Como ejemplo, pensemos en la actitud de los orgullosos escribas y fariseos contemporáneos de Jesús. Si cualquiera los contradecía —aun cuando fuera uno de ellos mismos—, recurrían a insultos y a comentarios denigrantes (Juan 7:45-52). Sin embargo, Jesús era diferente, pues era comprensivo con quienes lo buscaban y le revelaban su sentir (Mateo 20:29-34; Marcos 5:25-34).

¿Cómo reacciona usted cuando su cónyuge le explica algo que le preocupa? ¿Diría que sus palabras, su tono de voz y sus expresiones faciales reflejan comprensión? ¿O tiende a ser indiferente a los sentimientos de su pareja?

¿POR QUÉ NO INTENTA ESTO? Durante las próximas semanas, fíjese en cómo se dirige a su cónyuge. Si se porta con frialdad o le dice algo humillante, pídale perdón inmediatamente.

¿Desconfío de los motivos de mi cónyuge?

“¿Ha temido Job a Dios por nada? ¿No has puesto tú mismo un seto protector alrededor de él y alrededor de su casa y alrededor de todo lo que tiene […]?” (Job 1:9, 10.) Con estas palabras, Satanás cuestionó los motivos de Job, un hombre fiel a Dios.

Si los cónyuges no tienen cuidado, podrían adoptar una actitud similar. Por ejemplo, si su pareja hace algo por usted, ¿se pregunta qué querrá o si estará ocultando algo? Cuando él o ella se equivoca, ¿concluye usted que ese error confirma que es una persona egoísta e indiferente? ¿Agrega rápidamente la nueva falta a la lista de sus antiguos errores?

¿POR QUÉ NO INTENTA ESTO? Escriba una lista tanto de las buenas acciones que su pareja haya realizado por usted, así como de los buenos motivos que pudo haber tenido.

El apóstol Pablo escribió: “El amor no […] lleva cuenta del daño” (1 Corintios 13:4, 5). Es cierto que el verdadero amor no es ciego, pero tampoco va contando cada falta. Pablo también aseguró que el amor “todas las cosas […] las cree” (1 Corintios 13:7). Esto no quiere decir que el amor sea ingenuo; pero tampoco es suspicaz. Más bien, nos impulsa a confiar. La Biblia nos invita a cultivar el amor que está siempre listo para perdonar y para otorgar el beneficio de la duda (Salmo 86:5; Efesios 4:32). Si el esposo y la esposa se tratan con esta clase de amor, disfrutarán de una feliz vida de casados.

Cuando parece que son incompatibles en el matrimonio

A usted le gustan los deportes, su cónyuge prefiere leer. Usted es muy organizado, su pareja es todo lo contrario. A usted le encanta estar con gente, su cónyuge prefiere que estén a solas.

“¡Somos muy diferentes! —tal vez piense—. ¿Cómo no nos dimos cuenta cuando éramos novios?”

Probablemente sí notaron alguna diferencia. Pero en esa época quizás estaban más dispuestos a ceder, algo que podrían seguir haciendo ahora que están casados. Este artículo les dará algunas sugerencias para lograrlo. Para empezar, hay algo que deben tener en cuenta sobre estas supuestas incompatibilidades o diferencias.

LO QUE DEBE SABER

Algunas diferencias son graves. Uno de los principales objetivos del noviazgo es ver cuán compatibles son. De hecho, hay parejas que deciden romper el noviazgo cuando descubren que tienen opiniones diferentes sobre asuntos importantes. Prefieren eso a casarse con alguien con quien quizás vayan a pelear constantemente. Pero ¿qué hay de las diferencias menos graves, que todos los matrimonios tienen?

No hay dos personas iguales. Por eso, es normal que las parejas tengan diferencias en alguno de los siguientes aspectos:

Gustos. “Nunca me han interesado las actividades al aire libre, pero mi esposo creció escalando montañas nevadas y caminando por bosques.”

Costumbres. “Aunque mi esposa se acuesta muy tarde, puede levantarse llena de energía a las cinco de la mañana. Pero si yo no duermo siete u ocho horas, me despierto de mal humor»

Personalidad. Quizás usted es muy callado y su cónyuge, muy comunicativo. “Me acostumbré desde niño a no hablar de mis problemas, pero en la familia de mi esposa se cuentan todo.”

 Las diferencias pueden ser útiles. “Mi manera de hacer las cosas puede ser buena, pero no es la única”.

LO QUE PUEDE HACER

Sea buen compañero. Un esposo cuenta lo que él y su esposa hacen: “A la esposa no le gustan para nada los deportes. Pero me ha acompañado a varios partidos y hasta ha animado a mi equipo. Por mi parte, voy con ella a museos y nos quedamos ahí el tiempo que quiera, pues le encantan. Hago cuanto puedo por interesarme por el arte, pues sé que es importante para ella”. (Texto bíblico clave: 1 Corintios 10:24.)

Explore otras opciones. No piense que su cónyuge está equivocado porque tiene un punto de vista diferente al suyo. Eso es algo que un esposo aprendió: “Para mí, siempre había una única manera de hacer las cosas, y creía que cualquier otra opción sería una pérdida de tiempo. Pero desde que me casé, he aprendido que hay varias maneras de hacer una misma cosa, y que cada opción tiene sus ventajas”. (Texto bíblico clave: 1 Pedro 5:5.)

Sea realista. Para llevarse bien no hay que ser idénticos. Así que no piense que casarse fue un error solo porque han descubierto algunas diferencias. “Muchas personas piensan que el amor los cegó”. Sin embargo, añade: “Cada día que han sido felices juntos demuestra que, sin importar lo diferentes que sean, se pueden amar”. La Biblia aconseja: “Continúen soportándose si alguno tiene causa de queja” (Colosenses 3:13).

¿Por qué no intenta esto? Escriba qué le gusta de su cónyuge, por qué lo ama y en qué cosas coinciden. Luego escriba las cosas en las que son diferentes. Quizás descubra que sus diferencias no son tan graves. Además, esta lista le ayudará a ver en qué aspectos necesita ser más tolerante o apoyar más a su pareja. “Valoro mucho que mi esposa trate de adaptarse a mí, y sé que a ella le gusta cuando yo hago lo mismo”, dice el esposo. ( Filipenses 4:5.)

TEXTOS BÍBLICOS CLAVE

  • “Que cada uno siga buscando, no su propia ventaja, sino la de la otra persona.” (1 Corintios 10:24)

  • “Todos deben tratarse con humildad.” (1 Pedro 5:5, Traducción en lenguaje actual)

  • “Llegue a ser conocido […] lo razonables que son ustedes.” (Filipenses 4:5)

Cómo superar el resentimiento

Usted no logra olvidar las cosas que su esposo le ha dicho o le ha hecho.  Las palabras hirientes y las acciones desconsideradas se han grabado en su mente. El cariño que antes sentía por él se ha convertido en resentimiento. Parece que no queda más remedio que vivir en un matrimonio sin amor… y eso hace que le guarde aún más resentimiento.

Las cosas pueden mejorar. Pero primero hay que entender por qué es tan dañino el resentimiento.

LO QUE DEBE SABER

El resentimiento puede destruir su matrimonio. ¿Por qué? Porque desgasta el amor, la confianza y la lealtad, cualidades fundamentales en el matrimonio. En cierto sentido, el resentimiento no es el síntoma de un problema de pareja, es la enfermedad. Por eso dice la Biblia que nos deshagamos de los sentimientos de amargura (Efesios 4:31).

El que guarda resentimiento es el que sufre. Guardar resentimiento es como darse una bofetada y esperar que la otra persona sienta el dolor.

Guardar resentimiento es como darse una bofetada y esperar que la otra persona sienta el dolor

El resentimiento se puede evitar. Hay quienes opinan lo contrario. “Si me siento así es por culpa de mi esposo —quizás diga una esposa—. No lo puedo evitar.” El problema con ese razonamiento es que se concentra en algo que no es posible controlar: la conducta de los demás. La Biblia sugiere una opción mejor: “Cada uno debe examinar su propia conducta” (Gálatas 6:4). No podemos controlar las acciones de los demás, pero sí podemos decidir cómo vamos a reaccionar, y el resentimiento no es la única opción.

 LO QUE PUEDE HACER

Luche contra el resentimiento. Claro está, es más fácil echarle la culpa a su esposo. Pero recuerde que hay varias opciones, y una de ellas es el perdón. Puede seguir este consejo bíblico: “No se ponga el sol estando ustedes (enojados)” (Efesios 4:26). Si sabe perdonar, podrá hacerle frente a sus problemas de pareja con una mejor actitud. (Principio bíblico: Colosenses 3:13.)

Hágase un examen sincero. La Biblia dice que algunas personas estallan con facilidad (Proverbios 29:22). ¿Podría ser ese su caso? Pregúntese: “¿Soy rencorosa? ¿Me ofendo con facilidad? ¿Tiendo a exagerar las cosas?”. La Biblia advierte que insistir en un asunto puede separar a los amigos (Proverbios 17:9; Eclesiastés 7:9). También en el matrimonio puede pasar eso. Si descubre que es rencorosa, trate de ser más paciente con su esposo. (Principio bíblico: 1 Pedro 4:8.)

Pregúntese si merece la pena discutir. La Biblia dice que hay un “tiempo de callar y tiempo de hablar” (Eclesiastés 3:7). No es bueno reclamar por todas las ofensas. En ocasiones lo mejor es seguir este consejo: “Digan lo que quieran en su corazón, sobre su cama, y callen” (Salmo 4:4). Si cree que hay algo de lo que tiene que hablar, espere hasta que se le haya pasado el enojo. Una mujer llamada Beatriz dice: “Cuando me siento herida, trato de calmarme primero. A veces me doy cuenta de que el problema no es tan grave y eso me ayuda a hablar con respeto”. (Proverbios 19:11.)

Medite en el significado de la palabra perdonar. En la Biblia hay una palabra griega que a veces se traduce “perdonar”. Esa palabra transmite la idea de dejar pasar algo. Por lo tanto, perdonar no significa restarle importancia a la ofensa o hacer como si nunca hubiera sucedido; más bien, significa dejarla pasar porque uno se da cuenta de que el resentimiento podría perjudicar la salud y el matrimonio más que la ofensa misma.

TEXTOS CLAVE

  • “Continúen soportándose unos a otros y perdonándose liberalmente.” (Colosenses 3:13)

  • “El amor cubre una multitud de pecados.” (1 Pedro 4:8)

  • “La perspicacia del hombre ciertamente retarda su cólera, y es hermosura de su parte pasar por alto la transgresión.”(Proverbios 19:11)

INTENTE ESTO

Durante los próximos siete días fíjese en tres cualidades de su esposo. Entonces póngalas por escrito y dígale por qué le gustan esas cualidades. Fijarse en lo positivo la ayudará a combatir el resentimiento.

Familia feliz, El perdón

¿Qué implica?

Perdonar es pasar por alto una ofensa y no guardar rencor. Esto no quiere decir que se le tenga que quitar importancia a lo sucedido o fingir que no pasó.

Principio biblico: “Continúen soportándose unos a otros y perdonándose liberalmente unos a otros si alguno tiene causa de queja contra otro” (Colosenses 3:13).

Un esposo dijo: “Cuando amas a alguien, no te centras en sus defectos, sino en los esfuerzos que está haciendo para mejorar”

¿Por qué es importante?

Guardar rencor puede ser malo para su salud física y emocional, y además puede dañar su matrimonio.

Una esposa comenta: “Una vez, mi esposo me pidió perdón por algo que me dolió mucho. Aunque me fue difícil perdonarlo, al final lo hice. Lo único que lamento es no haberlo perdonado antes. Nuestra relación no habría sufrido innecesariamente”

¿Qué puedo hacer?

Piense en lo siguiente cuando su cónyuge haga algo que lo lastime:

  • ¿Es usted demasiado sensible?

  • ¿Necesita que le pida disculpas, o puede sencillamente olvidarlo?

Para hablar en pareja

  • ¿Cuánto tardamos en perdonarnos?

  • ¿Qué podemos hacer para perdonarnos antes?

Consejos:

  • Cuando su cónyuge lo lastime, no piense que lo hizo a propósito.

  • Sea comprensivo con su cónyuge, recuerde que “todos tropezamos [o nos equivocamos] muchas veces” (Santiago 3:2).

“Es fácil perdonar cuando los dos tenemos la culpa, pero es más difícil cuando parece que solo uno de los dos es el culpable. Para aceptar una disculpa y perdonar a alguien, hay que ser muy humilde”

Principio biblico: “Ocúpate en arreglar prestamente los asuntos” (Mateo 5:25).

Guardar rencor puede ser malo para su salud física y emocional, y además puede dañar su matrimonio

La llegada de los hijos y la relación de pareja

El esposa: “Mi esposa y yo estábamos entusiasmados con la llegada de nuestra niña, pero pasé mucho sueño los primeros meses. Habíamos planeado cómo cuidarla, pero nada parecía salir bien”.

La esposa: “Al nacer la nena, mi vida dejó de ser mía. De pronto, todo empezó a girar en torno al siguiente biberón, al cambio de pañales o a procurar que se durmiera. El cambio fue del cielo a la Tierra. Tardé meses en recuperar la relación normal con mi esposo”.

Muchas personas consideran que tener hijos es una de las mayores alegrías de la vida. De hecho, la Biblia los llama “un galardón”, o regalo, de Dios (Salmo 127:3). Los padres primerizos, también saben que su matrimonio puede cambiar de forma inesperada. Por ejemplo, la madre tal vez se centre en su bebé y se sorprenda al ver cómo reacciona física y emocionalmente ante el más leve gemido del recién nacido. El padre puede que se maraville del lazo que se ha formado entre el niño y su esposa, pero al mismo tiempo quizás le preocupe sentirse un tanto marginado.

Lo cierto es que el nacimiento del primer hijo pudiera ser el detonante de una crisis matrimonial. Tal vez las tensiones propias de la situación saquen a la luz las inseguridades emocionales de la pareja y magnifiquen sus problemas.

Entonces, ¿cómo pueden los padres primerizos adaptarse al frenético ritmo de los primeros meses, cuando el recién nacido exige toda su atención? ¿Qué pueden hacer para no descuidar su intimidad? ¿Cómo afrontar los desacuerdos en cuanto a la crianza? Veamos cada uno de estos problemas y los principios bíblicos que pueden servir para resolverlos.

 PROBLEMA 1: La vida gira en torno al bebé.

La madre le dedica todo el tiempo y atención a su bebé. Ella puede sentirse totalmente realizada al cuidar del pequeñín, pero su esposo quizá se sienta abandonado. Un esposo, dice: “Mi esposa se volcó con el nene, y eso fue para mí lo más difícil de aceptar. Antes nos teníamos el uno al otro, y de pronto todo cambió: era solo mi esposa y el niño”. Veamos cómo lidiar con la situación.

Recomendación: Tengan paciencia.

La Biblia dice que “el amor es sufrido y bondadoso”, “no busca sus propios intereses” y “no se siente provocado” (1 Corintios 13:4, 5). ¿Cómo pueden los padres seguir estos consejos?

El hombre prudente le demuestra amor a su esposa aprendiendo cuáles son los efectos físicos y mentales que produce en la mujer el nacimiento de un hijo. Uno de ellos es la tendencia a los cambios repentinos de humor. Un padre de una niña de once meses, admite: “A veces me cuesta aceptar los cambios de humor de mi esposa, pero trato de recordar que no está molesta conmigo, sino que es una reacción ante las presiones que conllevan las nuevas circunstancias”.

Esposo, ¿se incomoda su mujer con la ayuda que le presta? En tal caso, no se ofenda (Eclesiastés 7:9). Sea paciente y anteponga los intereses de ella a los suyos propios, así evitará enojarse (Proverbios 14:29).

Por otra parte, la esposa perspicaz animará a su marido a que asuma sus nuevas funciones. Lo incluirá en el cuidado del chiquitín enseñándole con paciencia cómo se cambian los pañales o se preparan los biberones, aunque al principio no lo haga bien.

Una madre de 26 años, reconoce que necesitó hacer varios cambios en la forma de tratar a su esposo. “Tuve que aprender a no ser tan posesiva con la niña —dice— y a no exigirle que la atendiera igual que yo.”

¿POR QUÉ NO INTENTAN ESTO? Esposa, si su marido cuida al niño diferente a como usted lo hace, resista el impulso de criticarlo o de quitarle el trabajo de las manos. Felicítelo por lo que hace bien, y así aumentará su confianza. Pídale que le ayude. Esposo, reduzca al mínimo las actividades menos importantes a fin de apoyar a su esposa lo máximo posible, especialmente durante los primeros meses de la criatura.

PROBLEMA 2: Se debilita la relación de pareja.

Muchos padres primerizos están tan exhaustos por la falta de sueño y las tensiones inesperadas que tienden a distanciarse. Una madre de dos hijos, admite: “Al principio estaba tan enfrascada en mis labores de madre que casi se me olvidaron las de esposa”.

Por otra parte, el hombre quizá no se percate de que el embarazo le ha supuesto a su esposa un desgaste tanto físico como emocional. El bebé consume el tiempo y las energías que antes utilizaban para mantenerse emocional y sexualmente unidos. Entonces, ¿cómo puede la pareja asegurarse de que su indefensa y adorable criatura no los desuna?

Recomendación: Reafirmen su amor mutuo.

La Biblia dice sobre la unión matrimonial: “El hombre dejará a su padre y a su madre, y tiene que adherirse a su esposa, y tienen que llegar a ser una sola carne” (Génesis 2:24). Jehová Dios se propuso que los hijos dejaran la casa algún día pero que la unión entre el marido y la mujer durara toda la vida (Mateo 19:3-9). Sin duda, el que una pareja primeriza asimile esta idea les ayudará a mantener sus prioridades en la debida perspectiva.

Una esposa confiesa: “Reflexioné sobre las palabras de Génesis 2:24 y comprendí que había llegado a ser ‘una sola carne’ con mi marido, no con mi hijo. Vi la importancia de fortalecer nuestro matrimonio”.

Una madre de una niña de dos años, dice: “Si noto que me estoy distanciando de mi esposo, hago esfuerzos enseguida para darle toda mi atención, aunque sea un ratito al día”.

¿Qué puede hacer el hombre para unir más el matrimonio? Decirle a su esposa que la quiere y demostrárselo con actos de amor, y hacer todo lo posible por disipar cualquier inseguridad que ella pudiera albergar. Una madre de 30 años, señala: “La mujer necesita sentirse valorada y querida, aunque su cuerpo haya cambiado con el embarazo”. Un padre de dos hijos, considera muy importante brindar apoyo emocional a su esposa. “He tratado siempre de ser su paño de lágrimas”, comenta.

Se comprende que la llegada de un bebé interrumpa la marcha normal de las relaciones sexuales de la pareja. Por eso, ambos deben hablar sobre sus necesidades. La Biblia indica que los cambios en la sexualidad del matrimonio deben producirse “de común acuerdo” (1 Corintios 7:1-5). Para ello se necesita comunicación. Debido a su crianza o cultura, tal vez no les resulte fácil hablar sobre estos temas, pero es imprescindible que lo hagan a fin de compenetrarse ahora que son padres. Sean comprensivos, pacientes y claros (1 Corintios 10:24). Así evitarán malentendidos y estrecharán sus lazos de amor (1 Pedro 3:7, 8).

Los cónyuges también pueden profundizar su amor agradeciendo lo que el otro hace. El hombre perspicaz se dará cuenta de que gran parte del trabajo de la esposa pasa desapercibido. Una mujer dice: “Al final del día me sentía como si no hubiera logrado nada, aunque había estado sin parar atendiendo a la nena”. Pero aun cuando haya estado muy ocupada, la mujer sensata  no menospreciará el aporte de su esposo a la familia (Proverbios 17:17).

¿POR QUÉ NO INTENTAN ESTO? Madres, échense una siesta mientras el bebé duerme un rato. Si “recargan las baterías”, tendrán más energía para dedicársela a su cónyuge. Padres, si es posible, levántense por la noche a cambiar al bebé o a darle de comer para que su esposa descanse. Confírmenle su amor dejándole notitas, enviándole mensajes de texto o llamándola por teléfono. Dedíquense tiempo a conversar. Hablen de ustedes mismos y no solo del nene. Mantengan firmes los lazos de amistad. Así estarán mejor preparados para enfrentarse a los desafíos de ser padres.

PROBLEMA 3: Diferencia de opiniones.

A veces surgen discusiones por las diferentes crianzas. Una madre y su esposo, se toparon con esta situación. La esposa dice: “Yo creía que mi esposo era muy blando con nuestra hija, pero él creía que yo era muy estricta”. ¿Cómo evitar este tira y afloja?

Recomendación: Comuníquense y apóyense.

El sabio Salomón escribió: “Por la presunción solo se ocasiona una lucha, pero con los que consultan juntos hay sabiduría” (Proverbios 13:10). ¿Conocen el punto de vista de su cónyuge sobre la crianza de los hijos? Si no hablan del tema y esperan a que nazca el bebé, quizá terminen discutiendo en vez de unir sus fuerzas para superar el reto.

Por ejemplo, pregúntense en cuál de las siguientes cuestiones se pusieron de acuerdo: “¿Cómo acostumbraremos al niño a comer sano y a tener buenos hábitos de sueño? ¿Lo sacaremos de la cuna siempre que llore? ¿Cuándo le enseñaremos a usar el inodoro infantil?”. Claro está, cada pareja tomará sus decisiones. Un padre de dos hijos, dice: “Hay que hablar de estos asuntos para estar en la misma sintonía, porque juntos se atienden mejor las necesidades de los niños”.

¿POR QUÉ NO INTENTAN ESTO? Piensen en la crianza que les dieron sus padres y decidan qué actitudes y acciones copiarán o evitarán al educar a su hijo. Coméntenlo entre ustedes.

Cambios positivos en el matrimonio

Igual que una pareja de patinadores novatos necesita tiempo y paciencia para sincronizar sus movimientos sobre el hielo, los padres primerizos necesitan tiempo para adaptarse a su nuevo papel. Pero poco a poco irán ganando confianza.

La crianza de los hijos pondrá a prueba la unidad de los cónyuges y cambiará para siempre su relación. Sin embargo, les dará la oportunidad de desarrollar cualidades muy valiosas. Si ponen en práctica los sabios consejos bíblicos, su experiencia será como la de un padre, quien dice: “Criar a nuestros hijos nos ha hecho mucho bien. Ahora somos menos egocéntricos y más cariñosos y comprensivos”. Este tipo de cambios son buenos para el matrimonio.

Cuando los hijos se van de casa

EL PROBLEMA

Los mayores retos que enfrentan los matrimonios normalmente aparecen cuando los hijos crecen y se independizan. La sensación de que se les quedó el nido vacío puede hacer que se sientan como dos desconocidos. El consejero familiar M. Gary Neuman dice: “Asesoro a muchas personas que no saben cómo volver a conectar con su cónyuge”. Y añade: “Ahora que los hijos ya no están, ellos (los padres) tienen muy pocas cosas en común y de las que hablar”.

¿Está pasando su matrimonio por una situación parecida? No se preocupe, tiene solución. Examinemos primero algunos factores que quizás hayan contribuido al distanciamiento entre usted y su cónyuge.

LAS CAUSAS

Durante años, los hijos fueron lo primero. Muchos padres bienintencionados anteponen las necesidades de sus hijos a las de su matrimonio. Como resultado, se centran tanto en su papel de padres que descuidan el de esposos, y esa realidad se hace evidente cuando los hijos se independizan. Una mujer casada de 59 años explica: “Cuando nuestros hijos vivían en casa, al menos hacíamos cosas juntos”. Sin embargo, reconoce que, al quedarse solos, ella y su esposo iban por caminos separados. Incluso llegó a decirle: “Parece que ya no nos soportamos”.

Algunas parejas no están preparadas para esta nueva etapa. Según el libro Empty Nesting, “para un gran número de matrimonios es casi como volver a estar recién casados”. Como muchos cónyuges sienten que tienen muy poco en común, llevan vidas paralelas centradas en sus propios intereses y terminan siendo simplemente dos personas que comparten casa.

La buena noticia es que pueden evitar los problemas de este nuevo capítulo de su vida e incluso disfrutar de sus ventajas. Veamos cómo puede ayudarlos la Biblia.

 LO QUE PUEDEN HACER

Acepten el cambio. La Biblia dice que, cuando el hijo crezca, “dejará a su padre y a su madre” (Génesis 2:24). La misión que ustedes tenían como padres era preparar a sus hijos para ese momento, ayudarlos a cultivar las habilidades que necesitarían en la vida adulta. Visto así, el hecho de que su hijo se vaya de casa es algo de lo que deben sentirse orgullosos (texto bíblico clave: Marcos 10:7).

Naturalmente, ustedes nunca van a dejar de ser padres, pero la relación con sus hijos ha cambiado: ahora, en vez de darles órdenes, pueden darles consejos. Esto les permitirá mantener una buena relación con ellos y a la vez dedicarse principalmente a su cónyuge (clave bíblica: Mateo 19:6).

Hablen de lo que les preocupa. Explíquele a su cónyuge cómo le afecta a usted este cambio de circunstancias y a su vez escúchele cuando le exprese sus sentimientos. Ambos deben ser pacientes y comprensivos. Quizás les tome tiempo fortalecer su relación de pareja, pero valdrá la pena (texto bíblico clave: 1 Corintios 13:4).

Piensen en cosas que puedan hacer juntos. Busquen objetivos que puedan compartir o actividades que puedan realizar como pareja. Al haber criado a sus hijos, han adquirido mucha experiencia. ¿Por qué no la utilizan para ayudar a otros? (texto bíblico clave: Job 12:12).

Refuercen su unión. Piensen en las cualidades que les hicieron sentirse atraídos el uno al otro. Recuerden todas las vivencias que han compartido y las dificultades por las que han pasado. Ya verán, este puede ser un bonito capítulo de su vida. En realidad, si ambos trabajan unidos, su matrimonio será más feliz y reavivarán el amor del principio.

TEXTOS BÍBLICOS CLAVE

  • “Dejará el hombre a su padre y a su madre” (Marcos 10:7).

  • “Lo que Dios ha unido bajo un yugo, no lo separe ningún hombre” (Mateo 19:6).

  • “El amor es sufrido y bondadoso” (1 Corintios 13:4).

  • “¿No hay sabiduría entre los de edad?” (Job 12:12).