Lo que deben saber

Ser compatible no significa pensar igual. Ni siquiera los matrimonios más compatibles tendrán siempre el mismo punto de vista, incluso en temas importantes.

Ceder no siempre es suficiente para solucionar los problemas. Por ejemplo, ¿qué harán si uno de sus padres se enferma y necesita que lo cuiden? ¿Y si uno de ustedes quiere tener hijos, pero el otro no?

Las diferencias de opinión no deberían condenar su matrimonio al fracaso. Algunos especialistas dicen que, si usted no se pone de acuerdo con su cónyuge en algún tema delicado, debe hacer lo que sea necesario para conseguir lo que quiere, aunque eso signifique terminar con el matrimonio. Pero esa “solución” se centra mucho en los sentimientos y muy poco en la promesa que hicieron ante Dios de seguir unidos pasara lo que pasara.

 Lo que pueden hacer

Cumplan lo que prometieron cuando se casaron. Con eso en mente, podrán enfrentar el problema como equipo y no como adversarios.

Clave bíblica: “Lo que Dios ha unido […], no lo separe ningún hombre” (Mateo 19:6).

Deténganse a pensar. Supongamos que uno de los cónyuges quiere tener hijos, pero el otro no. En ese caso, piensen en factores como los siguientes:

  • La estabilidad de su matrimonio.

    ¿Están listos para hacer frente a las tensiones que produce criar a un hijo?

  • Las responsabilidades de ser padres.

    Ser padres implica más que proporcionar comida, ropa y techo.

  • Su situación económica.

    ¿Podrán cumplir con todas sus obligaciones en el trabajo, en la familia y en otros campos?

Texto bíblico clave: “¿Quién de ustedes que quiere edificar una torre no se sienta primero y calcula los gastos […] para completarla?” (Lucas 14:28).

Analicen todos los ángulos del problema. Es posible que puedan resolver algunos de los puntos en los que no están de acuerdo. Por ejemplo, si el problema es sobre tener hijos o no, el cónyuge que no quiere tenerlos podría hacerse estas preguntas:

  • “Cuando digo que no quiero tener hijos, ¿quiero decir nunca o solo por ahora?”.

  • “¿No quiero tener hijos porque pienso que seré un mal padre?”.

  • “¿Tengo miedo de que mi cónyuge ya no me dé tanta atención?”.

Por otro lado, el cónyuge que sí quiere tener hijos podría preguntarse:

  • “¿Estamos preparados para ser padres?”.

  • “¿Nos alcanza el dinero para criar a un hijo?”.

Texto bíblico clave: “La sabiduría de arriba es […] razonable” (Santiago 3:17).

Admita que el punto de vista de su cónyuge tiene cosas buenas. Dos personas pueden ver el mismo paisaje y fijarse en cosas diferentes. Del mismo modo, los cónyuges pueden ver un mismo asunto, como en qué gastarán el dinero, desde perspectivas diferentes. Al analizar cualquier situación en la que choquen sus puntos de vista, empiecen por los aspectos en los que sí están de acuerdo.

  • ¿Qué objetivos tienen en común?

  • ¿Qué ventajas tiene la opinión de cada uno?

  • Por el bien de su matrimonio, ¿podría alguno de los dos, o los dos, cambiar su punto de vista para tomar en cuenta al otro?

Texto bíblico clave: “Que cada uno siga buscando, no su propia ventaja, sino la de la otra persona” (1 Corintios 10:24).