Es normal que en un matrimonio surjan problemas de vez en cuando. Pero si uno de los dos padece una enfermedad crónica o incapacitante, las cosas pueden ponerse realmente difíciles. Si usted está cuidando a su cónyuge, es muy probable que se pregunte: “¿Seré capaz de atender a mi pareja si su salud sigue empeorando? ¿Cuánto más podré seguir encargándome de su cuidado y también de cocinar, limpiar y trabajar? ¿Es normal que me sienta culpable por estar sano?”.

Por otro lado, si usted es el que está enfermo, tal vez se sienta mal por no poder cumplir con todas sus responsabilidades. Puede que también se pregunte: “¿Estará mi pareja molesta conmigo porque me enfermé? ¿Podremos volver a ser felices algún día?”.

Sin duda, las enfermedades crónicas causan mucha tensión al matrimonio, y la realidad es que no todos han logrado soportarla. Pero no se desanimen: ustedes pueden hacerlo.

¿Cuál es la clave para seguir siendo felices en esas circunstancias? Ante todo, formar un frente común y ver la enfermedad como un enemigo de la pareja, no solo del cónyuge que la padece. Al fin y al cabo, si uno de los dos se enferma, ambos se ven afectados, aunque sea de manera diferente. Génesis 2:24 explica: “El hombre dejará a su padre y a su madre, y tiene que adherirse a su esposa, y  tienen que llegar a ser una sola carne”. Así pues, ante una dolencia crónica es esencial que se mantengan unidos para seguir adelante.

Además, los estudios indican que aceptar la situación y buscar juntos formas prácticas de sobrellevarla contribuye a conservar la felicidad de la pareja. Muchos de los consejos que han demostrado ser útiles en estos casos coinciden con los principios eternos de la Biblia. ¿Les gustaría beneficiarse de ellos? Pues bien, examinemos tres sugerencias.

Estén atentos a las necesidades del otro

La Biblia asegura: “Mejores son dos que uno […]. Pues si uno de ellos cae, el otro puede levantar a su socio” (Eclesiastés 4:9, 10). ¿De qué forma puede cada uno de ustedes “levantar a su socio”? Demostrando con palabras y acciones el interés y cariño que sienten el uno por el otro.

¿Se les ocurren formas de ayudarse mutuamente en su vida diaria? Por ejemplo, si me sirvo un vaso de agua, pienso que quizás ella también tenga sed, así que le ofrezco uno. Y cuando salgo a contemplar el paisaje, la invito a acompañarme. Lo compartimos todo, y así aguantamos juntos”.

Ahora bien, si usted es el cónyuge enfermo, piense: ¿hay cosas que pueda hacer por sí mismo sin poner en riesgo su salud? Entonces, trate de hacerlas. De ese modo aumentará su autoestima y le facilitará la tarea a su pareja.

En cualquier caso, ninguno de los dos debe apresurarse a pensar que ya conoce bien las necesidades de su cónyuge. Una buena idea puede ser preguntarle: “¿Qué puedo hacer para ayudarte?”.

¿POR QUÉ NO INTENTAN ESTO? Que cada uno anote varias formas en las que crea que su cónyuge puede ayudarle un poco más. Luego intercambien las listas, y que cada uno elija una o dos sugerencias que pueda poner en práctica.

Sean equilibrados

El sabio rey Salomón escribió: “Para todo hay un tiempo señalado” (Eclesiastés 3:1). Claro está, cuando un miembro de la familia se enferma de gravedad, la preocupación por su salud puede alterar por completo las actividades diarias de la pareja y hasta convertirse en el centro de sus vidas. ¿Cómo lograrán mantener un equilibrio razonable?

En primer lugar, procuren despejar la mente de forma periódica. ¿Existe algún pasatiempo que antes practicaran en pareja? ¿Sería posible retomarlo? También pueden buscar actividades nuevas. Puede ser algo sencillo, como leer juntos, o más complejo, como aprender un idioma. Si comparten ocupaciones que no estén relacionadas con la enfermedad, se sentirán más unidos y felices.

En segundo lugar, procuren rodearse de amistades. Proverbios 18:1 advierte: “El que se aísla buscará su propio anhelo egoísta; contra toda sabiduría práctica estallará”. En efecto, pasar demasiado tiempo solos puede perjudicarles. Por el contrario, estar con los amigos les levantará el ánimo y les despejará un poco la mente. De modo que, si no lo han hecho ya, ¿por qué no invitan a algunas amistades a su casa de vez en cuando?

En ocasiones, el cónyuge que no está enfermo intenta asumir toda la carga, hasta el punto de agotarse. Como resultado, su salud se perjudica, y llega un momento en que no puede seguir atendiendo a su pareja.

Por  lo tanto, si usted está cuidando a su cónyuge, no se olvide de sus propias necesidades. Recuerde que debe dedicarse tiempo a sí mismo. Por otro lado, tal vez le beneficie desahogarse con algún amigo confiable de su mismo sexo.

¿POR QUÉ NO INTENTA ESTO? Anote las dificultades que afronta al cuidar a su pareja. Después haga una lista con los pasos que puede dar para superarlas o, por lo menos, sobrellevarlas. En lugar de darle mil vueltas a cada problema, pregúntese: “¿Cuál es la forma más práctica y simple de mejorar la situación?”.

Sean positivos

La Biblia aconseja: “No digas: ‘¿Por qué ha sucedido que los días anteriores resultaron ser mejores que estos?’” (Eclesiastés 7:10). ¿Qué significan estas palabras? En resumen, que no es bueno pensar demasiado en lo que pudo ser y no fue. No hay que olvidar que, en el mundo actual, no existe la felicidad completa. Por eso, lo mejor es que acepten la situación y saquen el mayor partido a lo que sí pueden hacer.

¿Cómo pueden mantener esta actitud positiva? Hablen de las cosas buenas que tienen y que dan sentido a su vida. Valoren los momentos en que el cónyuge enfermo se sienta mejor, aunque solo sea un poco. Pónganse objetivos que puedan alcanzar y que los hagan sentirse motivados.