Dios los unió en matrimonio

Recuerden que Dios los unió en matrimonio.

Dijo Cristo: «Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo
separe el hombre» (Mateo 19:5-6).

¿Casi ha desaparecido el amor en el hogar? El Diablo (ese nefasto destructor de hogares) es responsable de esto. No olviden que Dios mismo los unió en matrimonio y el plan de él es que permanezcan juntos y felices. El traerá felicidad y amor a sus vidas si obedecen sus reglas divinas mandamientos). Para Dios todo es posible (Mateo 19:26). No desesperen. Dios que pone amor en el corazón de un misionero por los nativos de lejanos lugares puede fácilmente proveer el amor del uno por el otro si se lo permiten.

Cuiden sus pensamientos

Cuiden sus pensamientos, no dejen que sus sentidos los traicionen.

«Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él» (Proverbios 23:7). «No codiciarás la mujer de tu prójimo» (Exodo 20:17). «Guarda tu corazón [tus sentimientos] porque de él mana la vida» (Proverbios 4:23). «Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre… en esto pensad» (Filipenses 4:8).

Los malos pensamientos destruirán el matrimonio. El Diablo intentará atraparlos con pensamientos como éstos: «Nuestro matrimonio fue un error». «Ella no me entiende». «No puedo soportar mucho más estas cosas». «De todos modos podemos divorciarnos, si es necesario». «Me iré de vuelta a la casa de mi madre». «El le sonrió a esa mujer». Abandone esa clase de pensamientos, porque ellos destruirán su hogar, ya que sus pensamientos y sentidos gobiernan sus acciones. Evite el ver, decir, leer o escuchar cualquier cosa que sugiera impureza o infidelidad, o el asociarse con cualquier persona que lo insinúe.

Los pensamientos descontrolados son como un automóvil en neutro en una pendiente. Cualquier cosa puede ocurrir, y el resultado será siempre desastroso.

Nunca se retiren a dormir enojados

Nunca se retiren a dormir enojados.

«No se ponga el sol sobre vuestro enojo» (Efesios 4:26). «Confesaos vuestras ofensas unos a otros» (Santiago 5:16). «Olvidando ciertamente lo que queda atrás» (Filipenses 3:13). «Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo» (Efesios 4:32).

Permanecer enojados el uno con el otro por ofensas pequeñas o grandes, es muy peligroso. A menos que se resuelvan prontamente, aun los problemas más pequeños se arraigan en la mente como convicciones y actitudes que afectarán adversamente toda su filosofía de la vida. Por eso Dios nos pide que eliminemos todo enojo antes de retirarnos a dormir. Sean lo suficientemente nobles para perdonar y decir con sinceridad: «Perdóname». Después de todo, nadie es perfecto. Reconozcan el error cuando lo cometan. Además, reconciliarse es una experiencia muy agradable, y tiene un poder extraordinario para mantener la
unión matrimonial. ¡Dios lo sugiere! Da resultado.

Cristo como centro del hogar

Mantengan a Cristo como centro del hogar.

«Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican» (Salmo 127:1). «Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus veredas» (Proverbios 3:6). «La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:7).

Esta es la gran regla que en realidad cubre todas las demás. ¡Ponga a Cristo en el primer lugar! El verdadero secreto de la felicidad en el hogar no es diplomacia, estrategia y esfuerzos incansables por vencer problemas, sino más bien la unión con Cristo. Los corazones llenos del amor de Dios nunca pueden estar muy separados el uno del otro. Con Cristo en el hogar, el matrimonio tendrá éxito. El Evangelio es el remedio eficaz para todos los matrimonios que están llenos de odio, amargura y chasco. El Evangelio previene miles de divorcios restaurando milagrosamente el amor y la felicidad. También salvará su hogar, si Ud. lo permite.

Oren juntos

Oren juntos.

«Velad, y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil» (Mateo 26:41). «Orad unos por otros» (Santiago 5:16). «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente, y sin reproche» (Santiago 1:5).

Oren en voz alta el uno por el otro. ¡Esta es una regla maravillosa! Arrodíllense delante de Dios y pídanle que les permita sentir y expresar verdadero amor el uno por el otro, perdón, fortaleza y sabiduría para la solución de sus problemas. Dios ha dado una garantía personal de que él contestará. La persona que ora no es automáticamente curada de todas sus faltas, pero tendrá un corazón que anhelará hacer lo recto. Ningún hogar se destruirá jamás mientras el esposo y la esposa oran el uno por el otro, pidiendo la ayuda de Dios.

El divorcio no es la respuesta

Estén de acuerdo en que el divorcio no es la respuesta.

«Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre» (Mateo 19:6). «Cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera, y el que se casa con la repudiada, adultera» (Mateo 19:9). «La mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive» (Romanos 7:2).

La Biblia es clara. Los lazos del matrimonio son indisolubles e indestructibles. El divorcio es permisible únicamente en el caso de adulterio, pero aun en tal caso no es obligatorio, sino sólo permitido. El perdón es siempre mejor que el divorcio, aun en el caso de una caída moral. El matrimonio es para toda la vida. Así lo ordenó Dios cuando realizó la primera ceremonia nupcial en el Edén. Todo pensamiento de divorcio como solución, destruirá cualquier hogar y esta es una de las razones por las cuales Jesús lo prohibió. El divorcio es siempre destructivo y casi nunca una solución para los problemas. El divorcio produce casi inevitablemente vidas deshechas, frustradas e infelices y con frecuencia hasta se convierte en la barrera que estorba aun el éxito en la vida. Dios instituyó el matrimonio para guardar la pureza y la felicidad del hombre y la mujer, para proveer a sus necesidades sociales y para elevar su naturaleza física, mental y moral. Sus votos figuran entre las más solemnes e inquebrantables obligaciones que un ser humano puede asumir. El ponerlas a un lado livianamente es renunciar al favor y la bendición de Dios.

Hogar estrechamente cerrado

Mantengan el círculo del hogar estrechamente cerrado.

«No cometerás adulterio» (Exodo 20:4). «El corazón de su marido está en ella confiado… Le da ella bien y no mal todos los días de su vida” (Proverbios 31:11, 12). «Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal» (Malaquías 2:14). «Que te guarden de la mala mujer… No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos. ¿Tomará el hombre fuego en su seno, sin que sus vestidos ardan? Así, el que se llega a la mujer de su prójimo; no quedará impune» (Proverbios 6:24-29).

¡Las intimidades del matrimonio no deben compartirse con otros! Resuelvan sus problemas familiares privadamente. Ningún otro (excepto su ministro o un consejero familiar cristiano de confianza) debe jamás verse envuelto en estos problemas de índole íntima y personal. Deben ser veraces el uno con el otro siempre y nunca guardarse secretos. No hagan ninguna broma a expensas de los sentimientos del otro cónyuge. Defienda el uno al otro y excluya estrictamente a todos los posibles entrometidos. Y con respecto al adulterio (a pesar de lo que algunos consejeros matrimoniales digan) siempre lo dañará a Ud. y a todos los demás implicados. Dios, que conoce nuestra mente, cuerpo y estructura emocional, dice: «No cometerás adulterio». Y cuando él prohibe algo, es mejor que obedezcamos. Los que insisten en ignorar este mandamiento recibirán el castigo reservado para los desobedientes. De manera que si Ud. ha empezado a cortejar indebidamente a alguien, es mejor que ponga punto final a esto de inmediato, o de otra manera se asentarán sobre su vida sombras que no podrán disiparse.

Esfuércense todos los días

Dios describe lo que es el amor: esfuércense todos los días por lograr esa norma.

«El que tiene amor, tiene paciencia es bondadoso y no envidioso no es presumido ni orgulloso. No es grosero ni egoísta no se enoja ni es rencoroso.

No se alegra del pecado de otros, sino de la verdad. Todo lo soporta con confianza, esperanza y paciencia» (1 Corintios 13:4-7, Versión Dios llega al hombre).

Vuelva a leer cuidadosamente este pasaje bíblico. Es la descripción que Dios hace del verdadero amor. ¿Cómo se compara la calidad de su amor con esta norma? El amor no es un impulso sentimental sino un principio santo que abarca toda la vida. Su matrimonio no puede fracasar si predomina en él el verdadero amor. Sin él, no podrá triunfar.

Recuerden y no destruyan el amor

Recuerden que la crítica y los rezongos destruyen el amor.

«Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas» (Colosenses 3:19). «Mejor es morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda» (Proverbios 21:19). «Gotera continua en tiempo de lluvia y la mujer rencillosa, son semejantes» (Proverbios 27:15). «Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga [una tabla entera] que está en tu propio ojo?» (Mateo 7:3). «El amor busca una forma de ser constructivo» (1 Corintios 13:4-7, edición inglesa de Phillips).

Dejen de criticar y de rezongar. Dejen de encontrar faltas. No esperen perfección, o de otra manera resultará amargura. Pasen por alto las faltas y busquen las cosas buenas. No traten de reformar, controlar o forzar al cónyuge, pues destruirán su amor. Sólo lo bueno puede cambiar a la gente. Un sentido del humor, un corazón alegre, la bondad, la paciencia y el afecto eliminarán las dos terceras partes de los problemas de su matrimonio. Trate de hacer a su cónyuge feliz en vez de querer hacerlo bueno. El secreto de un matrimonio de éxito no radica en tener el cónyuge apropiado, sino en ser uno mismo el cónyuge apropiado.

No se excedan en nada

No se excedan en nada: sean temperantes.

«Todo aquel que lucha [el atleta] de todo se abstiene (es temperante)» (1 Corintios 9:25). «El amor… no persigue ventajas egoístas» (1 Corintios 13:5,). «Si pues coméis, o bebéis, o hacéis otras cosas, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31). «Hiero mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre [tengo dominio propio]» (1 Corintios 9:27). «Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma» (2 Tesalonicenses 3:10). «Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla» (Hebreos 13:4). «No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias: ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad» (Romanos 6:12-13).

Los excesos pueden arruinar su matrimonio. Así también la falta de entusiasmo. El trabajo, el amor, el descanso, el ejercicio, el juego, los cultos, las comidas y las relaciones sociales deben ser cuidadosamente equilibrados en su matrimonio, o de otra manera éste irá mal. El exceso de trabajo y la falta de sueño, así como la carencia del debido ejercicio y el debido alimento, hacen que la persona se vuelva criticona, intolerante y negativa. El comer en exceso constantemente es un gran mal que fortalece la naturaleza animal y amortigua la conciencia.

Los abusos sexuales destruyen el amor por las cosas santas y debilitan la vitalidad. El matrimonio no es una licencia para excederse en las prácticas sexuales. Los actos degradantes, las desviaciones o la intemperancia destruyen el amor y el respeto mutuo que los cónyuges se deben. Una vida sexual temperante es lo que la Biblia recomienda (1 Corintios 7:3-7). Las relaciones sociales con los demás son absolutamente esenciales. La verdadera felicidad no puede hallarse en el aislamiento. Deben aprender a reír y disfrutar en forma sana de los momentos agradables. El ser excesivamente serios es peligroso. El hacer las cosas con exceso o sin entusiasmo, debilita la mente, el cuerpo y la conciencia, así como la capacidad de amarse y respetarse mutuamente. No permita que la intemperancia eche a perder su matrimonio.