Recuerden juntos el pasado y revivan los pensamientos cuando tal vez sentados en la ladera de una colina pensaban en el futuro. Comenten y analicen esos sueños con cariño y comprensión el uno por el otro. Luego esfuércense y oren juntos para hacerlos realidad.
De la misma manera, vuelvan a vivir las esperanzas y aspiraciones de una joven que solía andar sola al atardecer por los campos de su padre, soñando con un esposo y un hogar, con hijos, seguridad, cariño, risas y alegría. Esfuércense juntos para hacer realidad los sueños de ella.
Aprendan a responder el uno al otro de modo abierto y amoroso. No guarden secretos indebidos. No guarden rencores. Esta vida es la única que tienen, su pareja es la única que tienen y es su único amor. Aprendan a pensar y sentir al unísono, resolviendo todos sus problemas juntos, en equipo. La tranquilidad y el aliento mutuo que sentirán, unido al amor caluroso que vivirán, traerá una dimensión adicional de comprensión y un mayor sentido de propósito y alegría en la vida, que no se alcanzan de ningún otro modo. Sin duda, «no es bueno que el hombre esté solo» (Génesis 2:18).