Recuerde que el hecho de «escuchar» las penas y preocupaciones más íntimas de nuestra pareja no implica automáticamente «juzgar» ni aconsejar. A menudo, lo que más conviene es simplemente escuchar. Luego, con el tiempo, su pareja probablemente le pedirá su consejo o comentario. Pero debe hacerse por iniciativa de la otra persona, no la suya. A nosotros nos corresponde mostrar amor e interés sinceros. Debemos estar dispuestos a dedicar tiempo a nuestro cónyuge para «escuchar», manifestando interés genuino por lo que está diciendo y viviendo. En este proceso, aprenda a hacer preguntas y animar a la otra persona a hablar a fin de captar bien la situación: «Dime más». «Ya veo». «¿He entendido bien lo que quieres decir?» «No me había dado cuenta. Por favor ayúdame a entender más a fondo para que tu preocupación sea mía también». Expresiones como estas señalan el interés y el cariño que uno siente por el otro.
¡Nunca, jamás se aproveche de la franqueza o la confesión de su pareja! La hará cerrarse como una almeja en el futuro. Tome las intimidades verbales que ustedes comparten en el matrimonio como algo sagrado, que se ha de guardar dentro de la mayor confianza y que nunca saldrá de ustedes dos ni servirá de «garrote» para tomar ventaja en una discusión o en cualquier situación que se presente en adelante.
Al mismo tiempo es de vital importancia tener una actitud de admiración y respaldo hacia su cónyuge. El elogio debe ser sincero y, la mayoría de las veces, específico: Felicitar a su esposa por la cena que preparó con tanto cariño y esmero, elogiar al marido por levantarse primero y preparar el café. Estas son palabras de consideración y agradecimiento que inspiran al otro y fomentan el amor dentro del matrimonio. Pensemos en esta palabra: «agradecimiento». Jamás olvido las expresiones reiteradas de gratitud y aprecio pronunciadas por mi madre. Esas palabras nos movían a todos a amarla y apreciarla más, y con seguridad contribuyeron mucho a la felicidad y estabilidad de la unión entre mis padres, que fue larga y llena de gozo.
Recuerde que especialmente en el matrimonio, debemos procurar que nuestra comunicación sea positiva. ¡No es positivo andar quejándose o criticando al otro! Las afrentas y los reproches son destructivos para el matrimonio y hay que evitarlos a toda costa. ¡Es una verdadera idiotez que un hombre se la pase fustigando y corrigiendo a su esposa! ¿Acaso ella puede responder cariñosamente cuando el marido no hace sino condenarla y rebajarla? La Biblia dice muy claramente que la esposa hace igualmente mal si se la pasa quejándose o sermoneando a su esposo. «Mejor es vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa» (Proverbios 21:9).
De nuevo, el intercambio cariñoso y positivo de información, así como los planes y sueños compartidos por los esposos, son la esencia de un matrimonio feliz. ¡Piénselo! Hasta Dios «comparte» sus esperanzas y planes con nosotros, ¡simples mortales! «Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer» (Juan 15:15). Si el Cristo viviente tiene suficiente interés por nosotros como para compartir «todas las cosas» que oyó de su Padre, ¿cuánto más debemos estar dispuestos nosotros a abrirnos y exponer nuestras ideas y sueños con nuestro propio cónyuge?