Dios tiene un consejo importante para quienes se sientan tentados a cometer fornicación o adulterio. En nuestra era, donde abundan los estímulos sexuales y la lascivia, resulta invaluable seguir este consejo si queremos entrar en el Reino de Dios y en la vida eterna. En 1 Corintios 6:18 Dios dice: «Huid de la fornicación». No dice que nos quedemos pensando en los deseos o las ideas de índole sexual. No dice que nos encontremos solos con el cónyuge de otra persona o con algún soltero o soltera que pueda constituirse en tentación sexual para nosotros. No dice que veamos revistas, películas o programas de televisión pornográficos ni que leamos libros que estimulen el apetito sexual. Dios sí dice que nos situemos tan lejos de estas cosas como sea posible. Que nos alejemos, que huyamos de toda tentación de cometer un pecado sexual.

La sexualidad no es un juego para ensayar y experimentar. Debe mirarse como una bendición dada por Dios dentro de la sagrada unión matrimonial que el Creador mismo estableció. Debe considerarse siempre con reverencia, y como expresión del amor altruista dentro de una unión cristiana ¡que refleja la fidelidad eterna entre Cristo y su Iglesia! Es urgente que la generación actual aprenda la lección de fidelidad perdurable dentro del matrimonio y el hogar. Tenemos que obedecer tanto la letra como el espíritu del séptimo mandamiento de Dios: «No cometerás adulterio» (Éxodo 20:14).