El Dios Creador dedicó dos de sus diez leyes espirituales, el decálogo, a la protección de las relaciones en el hogar y la familia. En esta publicación ya hemos hablado de la primera de estas leyes, «Honra a tu padre y a tu madre…» La otra ley que rige el hogar y la familia se encuentra en el séptimo mandamiento: «No cometerás adulterio» (Éxodo 20:14). El Dios Todopoderoso dictó este mandamiento para salvaguardar la honra y la santidad del matrimonio. Justamente después del sexto mandamiento, que declara el carácter sagrado de la vida humana. Dios ubica esta ley para proteger la relación más elevada entre los seres de la Tierra. Porque el matrimonio y el hogar forman la base de toda sociedad decente. Las palabras del mandato prohíben directamente el adulterio porque este infringe los derechos sagrados que corresponden a la relación matrimonial. El espíritu del mandamiento muestra claramente que toda conducta impura antes del matrimonio es un mal que se le hace a la futura unión conyugal y que la infidelidad antes del matrimonio constituye una violación de este; tal como lo es el adulterio cometido después de la boda. El séptimo mandamiento prohibe en principio toda forma de relación sexual ilícita, incluida la homosexualidad masculina y femenina que ahora es un pecado extendido por el mundo occidental. El matrimonio a los ojos de Dios es algo tan precioso, tan justo y sagrado ¡que no ha de profanarse! En esta época de matrimonios desdichados y hogares divididos, es apremiante la necesidad de que comprendamos el significado del matrimonio y su gran propósito dentro del plan de Dios.