¿Qué dice Dios sobre el divorcio y el verdadero significado y propósito del matrimonio? Es importantísimo comprenderlo, pues la historia muestra que toda nación cuya sociedad permita o haga que sus familias se desmoronen, acaba por desintegrarse. La mayoría de los historiadores señalan que “la descomposición de la familia” fue uno de los síntomas, si no una de las causas, de la caída del Imperio Romano.
No es extraño que la criminalidad juvenil haya aumentado en espiral desde hace décadas. No es extraño que hayamos producido una generación entera de jóvenes que obran mal al parecer sin temor alguno. Parece que no tuvieran conciencia. Son descarados en su sarcasmo y su rebeldía contra las normas de la sociedad y contra las leyes de Dios. Como ha observado más de uno, esta es la generación desafiante. En una profecía que sin duda se refiere simbólicamente a nuestros días, el profeta Isaías escribió: “Les pondré jóvenes por príncipes, y muchachos serán sus señores. Y el pueblo se hará violencia unos a otros, cada cual contra su vecino; el joven se levantará contra el anciano, y el villano contra el noble” (Isaías 3:4-5).
En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo dice que “en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Timoteo 3:1-5). ¡Las personas así, ingratas, impías, implacables y desobedientes a los padres, difícilmente formarán un hogar y un matrimonio firme, estable y lleno de amor!
Lo que necesitamos, pues, son algunas “claves” para forjar un matrimonio basado en el amor a Dios y en los principios que Él nos dio, y que nos señalan el camino que debe seguir todo matrimonio para ser verdaderamente feliz.