Es esencial comprender desde un principio que el hombre y la mujer fueron creados por Dios. Él dispuso que compartieran la vida en amor. Sin embargo, la mujer fue hecha como “ayuda” para el hombre. Fue hecha del hombre, y pese a todos los pronunciamientos de los “expertos” modernos, la mujer puede hallar su mayor felicidad y satisfacción relacionándose, ayudando y complementando a su marido en la vida matrimonial, dando a luz hijos y administrando un hogar.

Satanás el diablo, quien a su vez es muy real, hace todo lo posible para borrar este concepto de la mente de los jóvenes. Mediante sicólogos y consejeros matrimoniales, mediante las comunicaciones masivas y aun mediante el sistema educativo, está empeñado en atacar el plan de Dios para la familia. Está activamente publicando el concepto de que la humanidad no fue creada por un Dios real. Desea hacernos creer que evolucionamos “al azar”, que nuestra vida no obedece a ningún propósito supremo y que los hombres y mujeres no son esencialmente diferentes en muchas cosas, por lo cual no importa qué papeles asuman ni cuál de ellos sea el líder en la familia.

Ahora Satanás ha comenzado a difundir también en ciertos segmentos de nuestra sociedad la idea de que una “familia” no tiene que estar formada por un esposo y una esposa. Pueden ser dos o más personas del mismo género que simplemente “viven juntas”. Pero si usted cree en la Biblia, vea lo que dijo Jesús acerca del matrimonio: “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19:4-6). Jesús sitúa a Dios en el centro de la escena. Muestra que Dios sí creó a la primera mujer para el primer hombre. Los hizo juntarse como marido y mujer, convirtiéndolos en “una sola carne” dentro de esta relación dispuesta por Él. La intención de Dios es que todos los matrimonios sean conforme a este ejemplo.

Jesús explicó que Dios permitió el divorcio entre esposos solamente a causa de la “dureza” de sus corazones. Y aun así, la única causal es la inmoralidad sexual. Jesús se refirió claramente a la “historia de la creación” en Génesis como un hecho. Reconoció que Dios “varón y hembra los hizo” (v. 4). También dijo respecto del matrimonio: “Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (v. 6). Si en el corazón mismo de su matrimonio se encuentra esta profunda convicción, de que es Dios quien ordena el matrimonio, su probabilidad de éxito será infinitamente mayor.