Construir un matrimonio feliz también incluye la idea de construir un «reino familiar». Hay un dicho que dice: «La casa de un hombre es su castillo». Esto se debe aplicar a toda la familia, donde él es el rey, su esposa es la reina amada y los hijos son los príncipes y princesas reales que deben formarse correctamente para cumplir sus obligaciones futuras. Los padres colaboran con entusiasmo para asegurar que estos futuros líderes reciban el apoyo, la guía, la disciplina y la formación necesaria para el papel importante que cumplirán en el porvenir.
La combinación inteligente y feliz de estos dos conceptos en el matrimonio, o sea la unión abierta y amorosa de dos cuerpos, corazones y mentes y la creación de ese «reino familiar», puede y debe generar una oportunidad y un ambiente en que el varón y la mujer hallan su plena realización. Esta realización la describe el Salmista diciendo: «Bienaventurado todo aquel que teme al Eterno, que anda en sus caminos… Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa» (Salmos 128:1, 3).
Una vez que captamos y asimilamos estos conceptos relacionados con el significado y propósito del matrimonio, ¿por qué no proponernos edificar nuestra unión y nuestro hogar en torno a ellos? En vez de un marido y una mujer aburridos y sin interés por conocer los pensamientos del otro, ambos deben sentir un enorme entusiasmo por el «reino familiar» en miniatura que están construyendo juntos. Habrá un interés común y un propósito común que los lleve a enseñar y a mejorar su hogar y su posición económica y a planear el futuro: su futuro.
En un matrimonio realmente dichoso, no es «mi casa», «mi auto» ni «mi cheque del sueldo», sino que la actitud es: «nuestra casa, nuestros ingresos, nuestro futuro».