Converse con su cónyuge acerca de los problemas y consúltelo con frecuencia.

«El amor… no está ansioso de impresionar ni tiene ideas exageradas de su propia importancia… No es quisquilloso» (1 Corintios 13:4-5, edición inglesa de Phillips). «El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma» (Proverbios 15:32). «¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él» (Proverbios 26:12).

Pocas cosas fortalecerán tanto su matrimonio como conversar juntos y consultarse mutuamente acerca de las decisiones más importantes. El cambio de trabajo, la compra de una casa, un automóvil, muebles, ropa, y todos los demás asuntos que implican dinero, deben interesar a ambos esposos. Consultar las cosas evitará muchos desatinos que podrían arruinar su matrimonio. Si después de mucha consulta y ferviente oración, las opiniones todavía difieren, la esposa debe someterse al deseo de su esposo. Las Escrituras son claras con respecto a esto. (Véase Efesios 5:22-24.)