Respete cada uno los derechos y las cosas privadas del otro.
«El amor es tolerante. El amor no tiene celos… no es grosero, no es egoísta. No se regocija en la injusticia. Está lleno de bondad» (1 Corintios 13:4, Traducción de Weymouth). «Amaos los unos a los otros, en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros» (Romanos 12:10).
Cada cónyuge tiene el derecho concedido por Dios a tener algunas cosas privadas de las cuales no necesita dar explicación. No se entrometan en la cartera de su consorte, en la correspondencia privada ni en otras cosas personales, a menos que él o ella se lo permita. El derecho a la privacidad y al silencio cuando alguien está preocupado debe ser respetado. Su cónyuge tiene aun el derecho a equivocarse ocasionalmente y tiene el derecho de tener un día libre de vez en cuando. Los cónyuges no se poseen el uno al otro, de manera que no se deben exigir por la fuerza cambios en la personalidad. Sólo Dios puede hacer esos cambios y cada uno de nosotros es personalmente responsable ante él en este asunto (Romanos 14:12). La perfecta confianza mutua es absolutamente esencial para la felicidad. Pase menos tiempo investigando cosas acerca de su consorte y más tiempo tratando de agradarle. Esto produce milagros.