El inicio de la alimentación complementaria, debe comenzar a los seis meses de vida, y realizarse paulatinamente hasta los 18-24 meses, manteniendo la lactancia materna a demanda.

Debes tener en cuenta que en la transición de alimentos…

– Aumenta la vulnerabilidad a la malnutrición en el bebé, al ser una etapa decisiva en su alimentación. Por este motivo, debe realizarse en el momento y con la frecuencia adecuada, que siempre serán recomendados por su pediatra.

-También es importante la cantidad y calidad de los alimentos administrados. Éstos deben introducirse poco a poco, para evitar intolerancias. Además, en la preparación del alimento, se debe extremar la higiene, y prepararse en condiciones seguras, es decir, reduciendo al mínimo el riesgo de contaminación por microorganismos patógenos

– Existe un concepto denominado alimentación activa, cuyo objetivo es responder a los requerimientos del niño, es decir, estimular al niño y responder a las señales de hambre y satisfacción que éste manifieste. Este proceso debe realizarse despacio, animando a los niños a comer, pero sin forzarlos. Además, si el niño rechaza el alimento, es importante probar con diferentes combinaciones y texturas, y recordar que para el niño el acto de comer es un período de aprendizaje y afecto.

<b>Recomendaciones para la introducción de alimentos en los lactantes</b>

– La introducción en la dieta de nuevos alimentos debe ser progresiva. Es decir, debe comenzar por los alimentos más fáciles de digerir y tolerar, e ir aumentando paulatinamente. Es importante respetar un intervalo de entre 10 y 15 días tras cada cambio en la alimentación o introducción de un nuevo alimento.

– Los cereales sin gluten y algunas frutas, como la manzana o la pera, deberán ser los primeros alimentos para el lactante. Es decir, la edad ideal para el comienzo es a los seis meses. Es importante observar la tolerancia y prestar atención.

– Las verduras y la carne blanca (pollo) continuarán con este proceso.

– Más tarde, alrededor de los siete meses, se procederá a introducir los cereales con gluten y otro tipo de carnes, como el cordero. Sucesivamente, y tras el período de tolerancia, se introducirá la ternera.

– Hacia los 10 meses, la yema de huevo cocida, las legumbres y el pescado.

– Por último, esperaremos al año para la clara de huevo.

– Los alimentos deben administrarse en forma de puré o machacados, e ir aumentando su consistencia en función de la tolerancia y la demanda del lactante. Las tetinas pueden ser contraproducentes para continuar con la lactancia materna; consulta siempre a tu pediatra.

– Este proceso continúa hasta los 18-24 meses de edad, siendo un proceso de adaptación e introducción progresiva de nuevos alimentos, configurando una alimentación completa y variada para el futuro.

Alimentación Complementaria

La introducción de los primeros alimentos distintos a la leche presenta más dificultades. Por ello, no debes preocuparte si el pequeño, con frecuencia, no se acaba todo el puré o la papilla. Además, al hecho de introducir en la dieta del niño los alimentos distintos a la leche se añade que algunas comidas son menos agradables que otras durante la estación estival.

– Es el caso, por ejemplo, de los purés muy densos, sobre todo, si contienen carne. No obstante, si el rechazo de la carne se convierte en una costumbre, hay que compensarlo con otros alimentos: se puede recurrir, por ejemplo, a los lácteos, sobre todo al yogur que, además de ser rico en calcio y proteínas, es muy refrescante.

– Asimismo, uno de los alimentos que el pequeño agradece más en verano son las frutas frescas y las verduras, ricas en agua y en sales minerales, y que sirven para compensar los líquidos que se pierden a través del sudor.

– También son muy aconsejables los zumos destinados a la primera infancia, pues son muy fáciles de digerir y garantizan un excelente aporte de vitamina C.