Una esposa cuenta: «Desde hacía un tiempo sentía que algo no andaba bien. Mi esposo, estaba muy distante conmigo y trataba con frialdad a nuestros hijos. Su forma de comportarse había cambiado desde que instalamos Internet en casa, y yo tenía razones para sospechar que estaba viendo pornografía. Cierta noche esperé a que los niños estuvieran acostados y le pregunté qué estaba pasando.

Entonces me confesó que había entrado en algunos sitios pornográficos. No podía creer que eso me estuviera sucediendo. Perdí toda mi confianza en él. Y para complicar las cosas, en aquella época un compañero de trabajo había empezado a mostrarse muy atento conmigo”.

El marido explica: “Hace algún tiempo, mi esposa descubrió una fotografía guardada en la computadora y me preguntó qué hacía eso ahí. Cuando le confesé que veía pornografía en Internet, se puso furiosa. Me sentí horriblemente culpable y avergonzado, y pensé: ‘Este es el fin del matrimonio’”.

EN SU opinión, ¿qué fallaba en la relación de este matrimonio? Tal vez piense que el principal problema era que él veía pornografía. Sin embargo, como el propio esposo comprendió después, aquel vicio solo era un síntoma de un problema más profundo: la falta de un verdadero sentido del compromiso hacia su cónyuge.

Como es natural, una pareja se casaron con la ilusión de disfrutar juntos de una vida feliz y llena de amor. Sin embargo, el compromiso que los unía se fue debilitando con el tiempo, y cada vez se sentían más lejos el uno del otro. Eso mismo les ocurre a muchas parejas hoy día.

¿Siente usted que, con el paso de los años, se ha ido distanciando de su cónyuge? Si así es, ¿qué puede hacer? Para averiguarlo, veamos las siguientes preguntas y respuesta: ¿Qué significa tener un verdadero sentido del compromiso en el matrimonio? ¿Qué puede debilitar ese compromiso? Y ¿cómo podemos fortalecerlo?

1. ¿Qué es el compromiso?

Muchos cónyuges lo definirían como el sentido del deber que los mantiene unidos. Por poner   un ejemplo, una pareja tal vez decida permanecer junta para no perjudicar a sus hijos, o porque sabe que ha contraído un compromiso ante Dios, el fundador del matrimonio (Génesis 2:22-24). Sin duda, motivos como esos son encomiables y pueden contribuir a que la relación supere tiempos difíciles. Pero si los cónyuges quieren ser realmente felices, debe unirlos algo más que una simple obligación.

Cuando Jehová Dios instituyó el matrimonio, se propuso que este brindara felicidad y profunda satisfacción a los casados. Por ejemplo, él quiere que el esposo ‘se regocije con su esposa’, que la ame profundamente y la haga sentirse amada. También espera que la mujer sienta ese mismo amor por su esposo (Proverbios 5:18; Efesios 5:28). Para que los cónyuges lleguen a estar así de unidos se requiere que ambos aprendan a confiar el uno en el otro y se esfuercen por cultivar una amistad para toda la vida. De esta forma, su sentido del compromiso se hace más fuerte. Y entonces su relación se vuelve tan estrecha que la Biblia dice que son —metafóricamente hablando— “una sola carne” (Mateo 19:5).

Podríamos comparar el sentido del compromiso a la mezcla que mantiene firmemente unidos los ladrillos de una casa. Para crear dicha mezcla hay que combinar varios materiales, como arena, cemento y agua. Del mismo modo, el compromiso en el matrimonio está formado por varios componentes, como el sentido del deber, la confianza y la amistad. Ahora bien, ¿qué puede debilitar ese vínculo?

2. Actitudes que pueden debilitarlo

El compromiso exige esfuerzo y espíritu de sacrificio. Hay que estar dispuesto a dejar a un lado las preferencias personales para complacer al otro. Desde luego, hoy día son pocos los que ceden a los deseos de alguien sin esperar nada a cambio. Algunos hasta lo consideran totalmente inadmisible. Lo habitual es preguntarse: “¿Y qué gano yo con eso?”. Pero piense: ¿cuántas personas egoístas conoce usted que tengan un matrimonio realmente feliz? Seguramente muy pocas, por no decir ninguna. ¿Y por qué? Porque quienes solo piensan en sí mismos no suelen permanecer con su pareja cuando es necesario sacrificarse, especialmente si creen que las pequeñas concesiones que quizás deban hacer no les reportarán beneficios inmediatos. No importa cuánto romanticismo hubiera al principio: si no hay verdadero compromiso, el amor terminará enfriándose.

La Biblia es realista y reconoce que estar casado supone mucho esfuerzo. Señala que “el hombre casado se inquieta por las cosas del mundo, en cuanto a cómo ganar la aprobación de su esposa” y que “la mujer casada se inquieta por las cosas del mundo, en cuanto a cómo ganar la aprobación de su esposo” (1 Corintios 7:33, 34). Por desgracia, aunque estemos dispuestos a hacer sacrificios, no siempre somos capaces de comprender las preocupaciones de nuestra pareja o de valorar lo que hace por nosotros. Si los cónyuges no se demuestran cuánto se aprecian, es muy probable que sufran mayor “tribulación en la carne” (1 Corintios 7:28).

Para que su matrimonio supere los malos momentos y se fortalezca durante los buenos, es vital que ambos vean su relación como algo duradero. ¿Cómo puede usted adoptar ese punto de vista y ayudar a su cónyuge a hacer lo mismo?

3. Cómo fortalecer el sentido del compromiso

Es esencial ser humilde y llevar a la práctica los consejos de la Palabra de Dios, la Biblia. De ese modo, usted se beneficiará y también su cónyuge (Isaías 48:17). A este respecto, veamos un par de consejos muy útiles.

1. Haga de su matrimonio una prioridad en la vida.

El apóstol Pablo escribió: “Asegúrense de las cosas más importantes”. Dios concede mucha importancia a la forma en que el hombre trata a su   esposa, y viceversa. La Biblia muestra que el esposo que honra a su mujer recibirá honra de parte de Jehová, y que la esposa que respeta a su marido tiene “gran valor a los ojos de Dios” (1 Pedro 3:1-4, 7).

¿Cuánta importancia tiene para usted su matrimonio? Normalmente, invertimos más tiempo en los asuntos que consideramos más importantes. Así, podemos preguntarnos: “¿Cuánto tiempo le dediqué el mes pasado a mi cónyuge? ¿Qué cosas concretas hice para confirmarle que sigue siendo mi mejor amigo (o amiga)?”. Si le dedicó poco o ningún tiempo a su matrimonio, puede que a su pareja le cueste creer que usted siente un verdadero sentido del compromiso.

¿Cree su cónyuge que usted se siente realmente comprometido con su matrimonio? ¿Cómo puede averiguarlo?

2. Evite la infidelidad en todas sus formas.

Jesucristo afirmó: “Todo el que sigue mirando a una mujer a fin de tener una pasión por ella ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mateo 5:28). Cuando una persona tiene relaciones sexuales con alguien que no es su cónyuge, causa un enorme daño a su matrimonio. Tanto es así que la Biblia indica que el adulterio proporciona base válida para divorciarse (Mateo 5:32).

Las anteriores palabras de Jesús muestran que el corazón de la persona puede albergar deseos inmorales mucho antes de cometer el adulterio propiamente dicho. Cuando alguien da rienda suelta a pensamientos de esa clase, ya está traicionando a su cónyuge.

Para conservar el sentido del compromiso en el matrimonio, también hay que estar firmemente resuelto a no ver pornografía. Aunque algunos digan lo contrario, la pornografía es veneno para el matrimonio.

Un fiel siervo de Dios de tiempos antiguos llamado Job dio un buen ejemplo de verdadero compromiso hacia su matrimonio y hacia Dios. Él celebró ‘un pacto con sus ojos para no mostrarse atento a una virgen’ (Job 31:1). ¿Cómo podemos imitar su ejemplo?

Además de no ver pornografía, es necesario evitar cualquier relación demasiado apegada con alguien del otro sexo. Puede que a algunos les parezca que no hacen ningún daño a su matrimonio al andar coqueteando con otras personas, pero la Palabra de Dios advierte: “El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado. ¿Quién puede conocerlo?” (Jeremías 17:9).

Para averiguar si nuestro corazón nos ha engañado, conviene que nos preguntemos: “¿Le presto más atención a alguna otra persona que a mi propio cónyuge? Cuando me entero de una buena noticia, ¿a quién se la cuento primero: a mi pareja, o a esa otra persona? Si mi esposo (o esposa) me pidiera que no tratara tanto a dicha persona, ¿cómo reaccionaría? ¿Me molestaría, o accedería de buena gana?”.

¿POR QUÉ NO INTENTA ESTO? Si se siente atraído por otra persona, limite su trato a lo estrictamente necesario. No la compare con su cónyuge ni piense en qué aspectos parece ser mejor. Al contrario, concéntrese en las virtudes de su pareja (Proverbios 31:29). Recuerde las razones por las que se enamoró de su cónyuge y pregúntese: “¿Realmente ha perdido aquellas cualidades, o es que he dejado de fijarme en ellas?”.